En el Nombre del Amor Infinito,
elevo mi voz y mi alma en profunda reverencia,
para invocar la luz pura que limpia, que sana y que transforma.
Hoy me presento ante Ti, Ser Supremo,
humildemente, pero con el corazón firme,
para pedir la completa purificación de mi ser
y de todo espacio que habito en esta existencia.
Que una cascada de luz diamantina descienda sobre mí,
atravesando cada célula, cada pensamiento, cada emoción,
liberándome de todo peso, de toda sombra, de todo dolor.
Que se disuelvan ahora y para siempre todas las energías estancadas,
toda vibración de miedo, ira, tristeza o confusión.
Que la llama violeta de transmutación
envuelva mi cuerpo, mi mente, mi alma y mi hogar,
transformando todo en amor, sabiduría, paz y pureza.
Oh Ángeles de la Luz Eterna,
Guardián de los Hogares, Seres de la Pureza Divina,
acudan en este momento, santifiquen este lugar,
barran con alas de gloria toda sombra que haya permanecido,
y siembren en su lugar la paz, la alegría, el entendimiento,
la protección y la infinita abundancia.
Que mi hogar sea ahora y siempre un santuario de luz,
un faro donde reine el Amor,
un templo donde solo entren la verdad, la bondad y la compasión.
Declaro que en este espacio sagrado
habita la Divina Presencia,
y que todo ser que cruce su umbral
sienta el abrazo de la luz,
y se vea también sanado y bendecido.
Desde ahora y para siempre,
renazco en la luz,
mi hogar resplandece en la luz,
y todo a mi alrededor se alinea con la Voluntad Divina.
En nombre de la Vida, del Amor, y del Espíritu Infinito,
¡Hecho Está!
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